Y busco entre tus manos las cobijas que me hacen renacer de un fuego enfermo, un fuego muerto, un fuego eterno.
Y busco entre tus arrugas, características, la felicidad que algún día perdimos, la felicidad que nos quitaron. La felicidad de nadar en aquellas aguas turbias del amor.
Y busco entre los pliegues exactos de tu piel. Busco para embriagarme, busco para borrarme. Busco para no ser más tuya, para regresar un poco a mi, y recobrar lo que perdí, lo que se fue en uno de esos tantos besos escondidos, esos que nos dimos debajo de mi cama, debajo del ascensor, a punto de aplastarnos.
Y busco, busco, busco. Y siempre estás ahí, para mi. Eternamente, junto a la soledad espontánea, aligerada de dolor.
Cariño mío, cariños míos. Ya no hay nada que decir, todo deambula en mi mente inexactamente equívoca. Todo, todo lo que quieras saber está en mis manos, todo está expeliéndose através de las lágrimas que brotan de los pliegues de la lujuria. De mi lujuria. De nuestra lujuria.
Ven, invítame una ve más a gozar de la intranscendecia de nuestros corazones. |